Artículo publicado en GARA el 5 de agosto de 2000.


      Iñaki Gil de San Vicente

      Contexto, coyuntura y perspectivas

      Uno de los peores errores que puede cometer cualquier demócrata en la coyuntura actual es perder de vista además de los avances históricos realizados también y sobre todo, el carácter estratégico que tienen los momentos que vivimos y las decisiones que en ellos tomemos. Las olas fuertes y los vientos desatados siempre muestran la fuerza del temporal. Navegar entre ellos no supone sólo asumir los riesgos sino también saber que, aunque parezca increíble, podemos y debemos coger impulso de su fuerza para llegar cuanto antes al puerto. El contexto tensionado es el temporal y las olas son las coyunturas que debemos superar con la vista siempre en el objetivo. La perspectiva no sólo está formada por lo que se ve desde lo alto de las olas sino también por el conocimiento y la experiencia acumulados durante decenios de travesías y que, incluso en lo más hondo y estremecedor de la galerna, nos orienta y nos dice cómo remontar los obstáculos. Y un error terrible en esos momentos es perder la perspectiva, olvidar que nuestro navío es ágil y sólido, con una tripulación decidida y experimentada por años de práctica. Y si esto es importante, no lo es menos saber que, en el contexto actual, nuestro navío es el buque del futuro para muchos que flotan perdidos en la marejada.

      Estas reflexiones básicas nos remiten no sólo a lo específico del contexto actual, que interrelaciona las tendencias al alza de las identidades nacionales con las crisis de adecuación parcial de los Estados a los cambios del capitalismo mundial y europeo, con los riesgos que eso supone para los más débiles en su solidez nacional interna, como el caso español, sino también a la importancia de la coyuntura actual. La razón por la que el PNV ha echado marcha atrás no es sólo el miedo a las amenazas españolas, sino también la necesidad de su fracción más burguesa y regionalista de seguir dentro del mercado estatal, tener su ayuda en la competencia europea y mundial, y saberse protegida por la pax hispana. El PNV es un partido interclasista en el que un grupo muy reducido identificado con la media burguesía vascongada y con algunos de la alta burguesía vasco-españolista, permite en los períodos normales que otros sectores identificados con el grueso de la pequeña y mediana burguesía, y con fracciones trabajadoras y populares poco concienciadas, aparezcan como los dirigentes efectivos en aquellas cuestiones que no afectan a sus intereses clasistas. Pero si cambia la situación y si sus negocios pueden resentirse, esa minoría agazapada que nunca aparece en las campas de Zalburua, mueve sus peones y activa su poder económico y político. Esa minoría toleró durante poco tiempo los avances esperanzadores de Lizarra-Garazi, la formación de Udalbiltza... porque creía que eran, de un lado, el comienzo del fin de la izquierda abertzale y de otro, que abortarían la creciente toma de conciencia de muchas de las bases populares del PNV y de otros partidos. La historia del PNV es, en este sentido, cíclica, dejando tras de sí en cada una de estas traiciones un triste campo de desánimo y desmoralización en gran parte de sus bases.

      Sin embargo, en la actual coyuntura esa desesperanza es menor que la originada por las traiciones de mediados y finales de los setenta, y de mediados de los ochenta cuando la purga de Garaikoetxea y la rendición incondicional ante el PSOE. Incluso las encuestas más cínicamente proestatalistas no tienen más remedio que reflejar la voluntad mayoritaria de solución democrática y la legitimidad alcanzada por el derecho de autodeterminación, entre otras muchas cosas. La censura interna del PNV no ha evitado el que por mil grietas y fisuras se conozca el malestar de las bases por el triunfo del sector regionalista y burgués. La tenaz tarea abertzale en dar soluciones prácticas a reivindicaciones euskaltzales, cultu- rales, históricas, deportivas, municipales, sociales, democráticas y antirrepresivas... ha fortalecido múltiples lazos populares y sociales que no se han roto pese al esfuerzo estatal desesperado y a las humillantes claudicaciones del PNV y otras fuerzas. Estos logros, con ser muchos, no son los únicos porque lo decisivos de la coyuntura actual, al igual que en situaciones idénticas en el pasado, es la determinación estratégica de avanzar por entre esas y otras olas, siguiendo un rumbo no marcado por el faro hispano-francés que nos conduce a estrellarnos en las rocas de sus instituciones racistas antivascas, sino por el norte que nosotros mismos nos hemos fijado. La dirección peneuvista es consciente de todo esto y debe cuidar sus palabras. No cuenta, por ahora, con la docilidad de las bases que le facilitó el alegre colaboracionismo con Madrid en las traiciones anteriores.

      Por esto es decisivo ahora mantener el rumbo. En todas las coyunturas en las que la izquierda ha tenido que optar por una u otra dirección en medio de la tempestad, se nos ha argumentado lo mismo... que si no existían las condiciones objetivas para seguir la lucha y menos para dar un salto importante..., que si había que esperar y buscar otro camino más lento..., que si vendrían toda serie de desastres, caos, quiebras económicas y hasta retrocesos a la berza y a la caverna. Pero en la actual hay una amenaza que en las anteriores tenía menos fuerza: ahora la izquierda abertzale será ­dicen­ la única responsable de que los españolistas se sienten en el gobiernillo de Gasteiz. ¿Alguna vez ­pregunto­ se ha levantado de esa silla el poder español? ¿Cuándo el poder español ha dejado de controlar desde bambalinas o abiertamente en despachos, comisarías y prensa, las decisiones de ese gobiernillo? ¿Qué atribuciones realmente estratégicas para construir la nación vasca tiene ese gobiernillo? ¿Por qué nunca ha activado plenamente hacia esa construcción las pocas atribuciones concedidas por Madrid? ¿Por qué sí las ha utilizado para reprimir y debilitar a la izquierda abertzale y mantener el descuartizamiento territorial, cultural y político de nuestro pueblo? Desde luego, oportunidades no le han faltado y la izquierda abertzale le ha ofrecido un acuerdo en el que incluso esos recursos pueden realmente, desde y para otra perspectiva, ayudar en algo durante un tiempo. Nunca las ha aprovechado y cuando se ha atrevido a hacerlo, los peseteros del PNV la han abortado desde dentro, como ahora. ¿Por qué? Porque, de un lado, los peseteros quieren proteger los intereses de la alta y mediana burguesía sacrificando los de la pequeña y sobre todo los del pueblo trabajador en su conjunto, y de otro, necesitan la pax hispana, asumiendo el anunciado ataque represivo español, como siempre.

      ¿Que el PP puede llegar a sentarse en Gasteiz? Tal vez. Pero amenazarnos con esa posibilidad es una trampa porque el PNV ha admitido todas las imposiciones españolas, apoyándolas directa o indirectamente. Es un chantaje porque pretende aprovecharse del miedo a la crisis que él mismo ha creado para negar su responsabilidad y seguir ganando dinero. Es una falta de perspectiva porque aceptar ese chantaje tramposo destrozaría todo lo avanzado causando una desmoralización de la que tardaríamos mucho tiempo y dolor en recuperarnos. Otros aceptaron trampas y chantajes similares en sus tiempos, abandonaron la perspectiva estratégica con la excusa del «realismo político» y, ¿dónde están ahora? *

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